¿Cómo le haces para soportarlos?

Un día alguien me preguntó cómo le hacía para soportar a los adolescentes. No era la primera vez que escuchaba esa pregunta. Me la han hecho adultos e incluso los propios adolescentes, y mi respuesta siempre es la misma:

“No los soporto. Los acepto”

La pregunta no me sorprende. Los adultos solemos encasillar esta etapa con apodos como “aborrecencia” o “indolescencia”, la llamamos “la época en que ni ellos se entienden” y muchas veces la explicamos con desánimo, “pues son adolescentes, ¿qué esperabas?”. Pasamos por alto que equivocarse es parte de cualquier etapa, y más de una en la que alguien está averiguando quién quiere ser. Reducir la adolescencia a algo que nadie entiende y que solo hay que resistir con valentía es olvidar que dura cerca de diez años. Es demasiado tiempo para estar soportando a alguien o simplemente esperando a que pase, como si el tiempo fuera a arreglarlo todo.

En mi caso, llevo más de una década teniendo el privilegio de trabajar con adolescentes de distintas partes del mundo, de manera presencial y virtual. En ese tiempo he podido conocerlos, vivir con ellos sus alegrías y sus dificultades, verlos crecer y conservar con muchos una buena relación, que siempre se ha basado en dos cosas sencillas, el respeto y la cercanía.

Lo que más me gusta de trabajar con esta edad es que cada uno tiene una manera particular de mirar el mundo, de hacerse preguntas y de buscar lo que hace valiosa su vida. En muchos de ellos he encontrado el deseo de descubrir de qué son capaces y, aun en sus peores momentos, el de ser escuchados y tomados en serio.

La adolescencia es una etapa hermosa, llena de alegría, pero también de desafíos para quienes la viven y para los adultos que estamos a su lado. Quien la atraviesa ya no es niño, pero aún no es adulto. Está justo en esa línea entre ser y llegar a ser. Que esté en ese camino no significa que le falte algo, pues ya es una persona increíble tal como es hoy. Al mismo tiempo, tiene en sus manos el reto de aprender a responder ante la vida con libertad y responsabilidad, y de seguir desplegando sus posibilidades.

Viktor Frankl escribió que la persona “se explica, se despliega, se desarrolla en el transcurso de la vida”¹. Si hay un momento de la vida que lo muestra a la perfección, es la adolescencia.

Si algo he aprendido con ellos es que no necesitamos ser adultos perfectos para marcar una diferencia en su vida. Lo que requerimos es estar dispuestos a reconocer nuestras imperfecciones, actuar con congruencia y cuidar ese vínculo que nos permite encontrarnos con ellos desde lo más humano. Con todo esto aprendemos a acompañarlos sin impedirles decidir, equivocarse y volver a intentarlo. Al final, así es como un adolescente va descubriendo el sentido de su vida y empieza a construir un proyecto que no se queda en él, sino que lo lleva a aportar algo al mundo.

Durante mucho tiempo, familiares y personas de otros ámbitos de mi vida me han animado a escribir sobre esta etapa y a compartir lo que he vivido con ellos. Este blog nace de esa invitación y de mi deseo de poner por escrito tantas escenas, conversaciones y recuerdos que me han dejado algo valioso. Lo escribo como psicólogo clínico, logoterapeuta y educador, pero sobre todo como Beto, alguien que ha tenido el honor de compartir el camino con tantos de ellos.

Está pensado para familias y docentes que desean comprender mejor a los adolescentes y vincularse con ellos desde la confianza y la aceptación. Aquí no encontrarás soluciones perfectas ni recetas para educar, porque cada adolescente y cada familia tienen su propia historia. Lo que verás son reflexiones que nacen de mi experiencia y de la logoterapia, que me ha enseñado a ver en esta etapa mucho más que el sinsentido que solemos atribuirle. Mi intención es ayudarte a mirarla de otra manera y a elegir tu postura ante el papel que tienes en su formación.

A un adolescente no se le soporta. Se le acepta por quien ya es, sin perder de vista quién puede llegar a ser.

Notas
¹ Frankl, V. E. (1994). Logoterapia y análisis existencial (p. 63). Herder.

Alberto Adams Martinez

Soy psicólogo clínico, logoterapeuta y educador. Desde hace más de diez años acompaño a adolescentes, a sus familias y a adultos en México, Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Fundé Praxis Existencial. Me gusta escribir sobre la vida y el sentido que se descubre en ella.

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